Jimi Hendrix. La música que cura



–Aquí tienes. No es nueva, pero… Ah, claro, eres zurdo, ¿verdad? Sí, pues tendrás que aprender a tocar al revés.

–Probablemente.

–Tienes manos grandes. Vas a poder dominarla bien… Oye, pareces un guitarrista.

Y lo era. O, mejor dicho, llegaría a serlo.

Esta escena, que podemos ver en los primeros minutos de la película Hendrix (Leon Ichaso, 2000), pone el foco en el chico de color que recibe de manos de su padre el regalo que cambiaría su vida. Corría el año 1954, en Seattle, y el chaval estaba aún algo lejos de la legenda musical y cultural en la que se convertiría con el paso de los años.

Hablamos de Jimi Hendrix, tal vez el guitarrista zurdo más icónico de la historia del rock. (Mark Knopfler es zurdo, pero paradójicamente toca la guitarra como si fuera diestro). No así Jimi Hendrix, quien modificó su guitarra a las exigencias de su mano izquierda, cambiando la cejilla y el orden de las cuerdas. Tal vez esa diferenciación física, como ocurriera con Django Reinhardt (1910-1953), que tenía imposibilitados dos dedos de su mano izquierda, secuelas de un incendio, se convertiría en un problema positivo, en un plus de originalidad a la hora de tocar la guitarra.

Pero retomemos la película, interpretada por Wood Harris, actor de The Wire, una de las mejores series televisivas de todos los tiempos.

Hendrix, la película

En Hendrix conocemos a nuestro protagonista antes que fuera “Jimi Hendrix” a secas, nombre comercial que le acompañaría hasta su prematura muerte. Tras su paso como paracaidista en el ejército, donde se lesionó un pie, Hendrix decide huir de la guerra y salir en busca del amor con su guitarra. “Haz el amor y no la guerra” estaba impreso en su espíritu. Quiere vivir de su talento musical, convertirse en el apóstol de la religión eléctrica. El resto es conocido para los grandes amantes del rock: su marcha a Inglaterra, su concierto con Eric Clapton, su triunfo con The Jimi Hendrix Experience y su pasión y muerte tras una etapa de éxitos musicales que contrastaban con perturbaciones interiores, culpables quizá de que cayera en el mundo de las drogas.

Similitudes entre Hendrix y The Bohemian Rapsody

No he podido dejar de comparar Hendrix con The Bohemian Rapsody (Brian Singer, 2018), que vi en el cine unas semanas antes. Tal vez porque ambas películas se centran en estrellas de la música rock, resulta difícil no percatarse de ciertas similitudes, de las que destaco las siguientes:

Ambos músicos tenían a priori una circunstancia adversa que les impedía ser aceptados por ciertos sectores de la sociedad: Hendrix era negro y Freddie Mercury, homosexual, por mucho que tratara de esconderlo durante años.

–Ambos disfrutaron en los inicios del apoyo de una novia/amiga del alma que los cuidaba y alentaba cuando el éxito era aún una utopía. Y ambas mujeres quedarían en cierto modo relegadas de su compañía, si bien Mercury se encargó de tener siempre cerca a su exnovia, Mary Austin, en calidad de confidente. Mercury, en agradecimiento a esa amistad cimentada durante tantos años, la nombró heredera de parte de su gran fortuna. Kathy Etchingham, sin embargo, solo estuvo tres años con Hendrix, al que abandonó cuando se dio cuenta de que las drogas y el alcohol le habían arrebatado a la persona amable y cariñosa que ella había conocido antes de que fuera famoso.  

–Ambos tuvieron problemas con sus agentes, que intentaron hacer de ellos sus rehenes comerciales. “Todo por la pasta” parecía ser su lema.

–Ambos lucharon por romper la barrera de los tres minutos de duración que bajo ningún concepto podía sobrepasar una canción que aspirara a ser emitida en la radio.

–Ambos eran adictos a las drogas y al sexo (Hendrix con mujeres, Mercury al principio con mujeres y después solo con hombres).

–Ambos sintieron la angustia vital del artista. Ser una estrella del rock no era suficiente, y en su lucha por conseguir el éxito musical habían dejado mucho de sí mismos por el camino.

–Ambos, empujados por el ego, tuvieron problemas con el resto de los músicos de la banda, a quienes llegaron a menospreciar.

–Ambos quisieron escapar de los estrechos  patrones del rock y ampliar sus horizontes artísticos. Mercury y Queen lo consiguieron con creces, no así Hendrix, a quien no le salió bien intentar crear “esa nueva música para curar”.

–Ambos se convirtieron en jóvenes cadáveres. Hendrix murió con 27 años (ahogado en su propio vómito tras ingerir barbitúricos) y Mercury, con 41, por culpa del Sida.

El rock legendario. Luces y sombras

Hendrix y Mercury representan como nadie las luces y sombras de una época inolvidable, irrepetible, icónica e infinitamente narrativa. Una época que, todo hay que decirlo, se tragó a músicos eminentes en lo mejor de su vida, músicos que por desconocimiento o por ingenuidad creían que los excesos no les iban a pasar factura. (O lo sabían y no les importaba). Aún recuerdo el homenaje de Barón Rojo a algunos de estos músicos en una canción que yo tarareaba una y otra vez durante mi adolescencia: “Por Janis, Lennon, Allman, Hendrix, Bolan, Bonhan, Brian y Moon”.

Descansen en paz todos ellos. Consolémonos con su música y con la historia de sus vidas.

Francisco Rodríguez Criado

Otros zurdos famosos

Hendrix, película (2000)

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