Eudora Welty, escritora… y fotógrafa

Por Ernesto Bustos Garrido (Corebo)

Emile Zola usó alguna vez una cámara de fotografía para escapar a sus propias angustias. Llevaba una doble vida. Se angustiaba. Se sentía entre la espada y el fuego. Había instalado a su querida (la exniñera de su hogar) en un piso muy cercano a su casa donde vivía con su mujer. Ella era posesiva. Ella terminó sabiéndolo… e incluso más tarde, aceptándolo.

Por su parte, Juan Rulfo, el gran escritor mexicano, autor de Pedro Páramo y El Llano en llamas, comenzó como escritor y terminó haciendo impresionantes fotografías en los más agrestes e infértiles escenarios del México rural. Editó varios libros con sus mejores tomas.

Con Eudora Welty, la escritora norteamericana que vivió 92 años y siempre en su casa natal en Jackson, Mississippi, fue al revés. Se inició como fotógrafa y terminó siendo una escritora genial, única, a tiempo completo.

Se cuenta la anécdota que el año 1950, durante un viaje a Perís, abordó el metro y conscientemente dejó abandonada su cámara fotográfica sobre un asiento. Se cree que esa fue una opción de vida, aunque nunca se supo que se recriminara haber usado la lente de una vieja Kodax con fuelle como primera expresión de sus aspiraciones contenidos y su inmensa riqueza mental. En todo caso, la escritura tiró con más fuerza dentro de ella, dejando la fotografía en las páginas del pasado.

Pero empezó muy joven retratando lugares y personas. ¿De dónde surgió este afán? De dos fuentes: cuando muy pequeña y, aun sin saber leer, Eudorita se encerraba en la biblioteca de sus padres y hojeaba y hojeaba sin parar las páginas de unos libracos inmensos y empolvados que contenían coloridas ilustraciones. De aquella práctica le quedó su gusto por la imagen, y la fotografía es eso: imágenes, momentos, chispazos.

La segunda fuente de su pasión por la fotografía fue su entorno. Eran los años de la Gran Depresión, especialmente en las tierras del sur de los Estados Unidos. La gente de color fue la que más sufrió en esta crisis devenida después de algunos años concluida la Gran Guerra o Primera Guerra Mundial. Eudora era de un espíritu muy inquieto. Quería saber de todo y experimentar dichas vivencias. Entró en un programa del Gobierno estadounidense –Works Progress Admi-nistration (WPA)– para dar un trabajo, medianamente remunerado y transitorio, a miles y miles (ciertos informes hablan de millones de personas) de ciudadanos que estaban en paro. Eudora quizá no lo necesitaba. Su familia siempre tuvo recursos. Ella era una señorita educada en colegios principales.

En sus primeros años dispuso de institutriz, pero a los 25 o 26 de edad primaron más en la joven sus inquietudes y los deseos de volar y salir del cascarón familiar que la respetable posición social que poseía. Como parte de ese plan de trabajo paliativo a la crisis económica, Eudora Welty, con unos bellos ojos azules en su rostro y sus amplios vestidos de señorita, recorrió las zonas más pobres del Mississippi. En pueblos sin nombre, captó cientos y cientos de escenas; nada prefabricado, todo al natural como como ella lo venía viendo a su paso. Su cámara era un estilete que más tarde se convirtió en una poderosa herramienta de expresión.

En 1936, producto de su constancia y porfía, logró que la galería de arte “Lugene Opticians” montara una exposición con algunas de sus fotografías. El público quedó encantado y la crítica debió de poner una rodilla en tierra. Ese mismo año, la revista Manuscript le publicó su primer cuento: «La muerte de un vendedor viajero» (Death of a traveling salesman). Fue un instante de su vida muy feliz. En ese momento sus dos grandes pasiones –la fotografía y la escritura– estaban a la vista de las gentes, y eso era lo que Eudora Alice Welty, de padres suizo alemanes, deseaba ardientemente.


Ernesto Bustos GarridoAutor de la introducción: Ernesto Bustos Garrido (Santiago de Chile), periodista, se formó en la Universidad de Chile. Al egreso fue profesor en esa casa de estudios; también en la Pontificia Universidad Católica de Chile y en la Universidad Diego Portales. Ha trabajado en diversos medios informativos, televisión y radio, fundamentalmente en el diario La Tercera de la Hora como jefe de Crónica y editor jefe de Deportes. Fue director de los diarios El Correo de Valdivia y El Austral de Temuco. En los sesenta fue Secretario de Prensa del Presidente Eduardo Frei Montalva. En los setenta, asesor de comunicaciones de la Rectoría de la U. de Chile, y gerente de Relaciones Públicas de Ferrocarriles del Estado. En los ochenta fue editor y propietario de las revistas Sólo Pesca y Cazar&Pescar. Desde fines de los noventa intenta, quizá tardíamente, transformarse en escritor.

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Eudora Welty, en El Imparcial

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